Ansiedad

Ansiedad

¿Qué es la Ansiedad?

La ansiedad es un proceso natural de activación fisiológica que hace movilizar a los seres humanos y otros animales ante el peligro. A esta respuesta también se la denomina lucha-huida. Así es como el propósito de la ansiedad es preparar nuestro organismo para protegernos luchando o huyendo del peligro u amenaza. Este sistema defensivo, necesario para la vida, se torna un problema cuando la respuesta es desadaptativa. Es decir, si el estímulo no reviste gravedad o no amenaza nuestra vida o integridad psicofísica nos encontramos ante una desadaptación que puede llegar a ser patológica.

Se denomina trastornos de ansiedad a un grupo de afecciones que tienen en común la sintomatología ansiosa física y psicológica. Pero cada trastorno de ansiedad tiene unas características, así también como una génesis particular y un tratamiento adecuado. Por ello es importante determinar que tipo de trastorno de ansiedad se padece

La sintomatología de la ansiedad es muy variada, y depende en gran parte de la biología y características psicosociales de los individuos. Si bien el listado de síntomas es extenso la aparición de tan solo una señal, tanto a nivel físico como psíquico, es con frecuencia causa suficiente de un gran malestar.

¿Cuáles son los trastornos de ansiedad más frecuentes?

Una cuidadosa evaluación permite identificar los diferentes tipos de trastornos y así poder aplicar con más precisión los tratamientos adecuados para cada uno de ellos, aunque no es infrecuente que algunos tipos coincidan en un mismo paciente. Algunos de los principales trastornos de ansiedad son los siguientes:

Fobia específica

Estas personas tienen un miedo intenso y persistente ante (o de manera anticipada) determinados objetos o situaciones “específicas”. Algunos ejemplos son volar en avión, ver sangre, algunos animales, etc.

Fobia social

Estas personas tienen un miedo intenso y persistente cuando se encuentran ante otras personas ya que temen quedar de una forma humillante o vergonzosa ante ellas. Las personas con este trastorno perciben que la gente los juzgará negativamente y frecuentemente tienen la sensación de ser inferiores, diferentes o inaceptables. Muchas veces se preocupan por síntomas como ruborizarse, sudar o temblar ante los demás. En algunas personas este miedo se da en situaciones concretas (por ejemplo, hablar en público o comer en público) y en otras en la mayoría de relaciones sociales.

Crisis de angustia/ataques de pánico

Una crisis de angustia o ataque de pánico es un episodio repentino de miedo muy intenso que se acompaña generalmente de síntomas físicos (por ejemplo taquicardia, palpitaciones, escalofríos, sensación de ahogo, mareo, temblores, etc.) y pensamientos negativos sobre estos síntomas (por ejemplo, miedo a sufrir un infarto, miedo a perder el control, miedo a volverse loco, miedo a desmayarse, miedo a morir). En una crisis de angustia estos síntomas son muy “rápidos”, llegan al máximo de intensidad en unos minutos y duran generalmente menos de una hora. Algunas personas, después de sufrir una crisis de angustia, suelen estar muy preocupadas y notan mucha inseguridad. Cuando alguien tiene crisis de angustia de forma repetida decimos que tiene un trastorno de angustia o de pánico.

Agorafobia

Estas personas tienen miedo a estar en determinados espacios o situaciones, porque perciben que puede ser difícil escapar de ahí o recibir ayuda si tienen una crisis de angustia. O sea, la persona tiene “miedo de tener miedo”. Algunos ejemplos de estos espacios o situaciones temidas son: las multitudes de gente, determinadas tiendas, los trenes, los túneles, cruzar puentes, los ascensores, etc. Algunos pacientes sólo poden realizar estas actividades si van acompañadas de una persona de confianza. La mayoría de veces, el trastorno de angustia y la agorafobia se dan juntas.

Trastorno de ansiedad generalizada

Estas personas son “sufridoras”, es decir, se preocupan por muchas cosas (por ejemplo, la economía doméstica, el trabajo, la familia, la salud, etc.) durante la mayor parte del día y durante muchos meses. Además, estas preocupaciones van acompañadas de otros síntomas físicos, como sentirse inquieto o impaciente, con tensión muscular, con problemas para dormir, incapacidad para relajarse, no poderse concentrar, con mucha fatiga o sentirse en general irritables.

Trastorno obsesivo-compulsivo

Estas personas tienen pensamientos o ideas recurrentes y persistentes que temen (obsesiones) y realizan comportamientos repetitivos o rituales con el intento de controlar el miedo (compulsiones). Estos comportamientos pueden llegar a limitar en gran medida la actividad diaria de la persona que los sufre. Por ejemplo, estas personas pueden estar obsesionadas con la suciedad y lavarse las manos repetidamente, o tener miedo de un ladrón y comprobar repetidamente si la puerta de casa está cerrada. Otros rituales pueden ser la necesidad de revisar cosas repetidamente, tocar objetos o contar. Las personas con un trastorno obsesivo-compulsivo también pueden preocuparse por el orden y la simetría, o tener dificultades para deshacerse de cosas (acumulación de objetos). Aunque la mayoría de personas con esta enfermedad se sorprenden ante lo que les pasa, es posible que algunos adultos y la mayoría de niños no sean conscientes.

Trastorno por estrés postraumático

Este trastorno de ansiedad puede aparecer después de un acontecimiento que es vivido con miedo muy intenso, frecuentemente ligado a sufrir daños físicos graves o ante la amenaza a la vida de uno mismo o de otros (por ejemplo, es común en combatientes de guerra, agresiones, etc). Estas personas se pueden asustar con facilidad, paralizarse en el ámbito afectivo, perder interés para disfrutar, sentirse más irritables o agresivas y evitar situaciones que les recuerden el accidente original. Además, habitualmente reviven el suceso traumático en sus pensamientos durante el día y tienen pesadillas al dormir.